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  • A. Santoyo

Modelos y Artistas al Desnudo

El ritual creativo del artista con su modelo es un escenario íntimo y secreto alrededor del cual se construyen imaginarios casi mitológicos.


Debido a la naturaleza contemplativa de este ejercicio, y la frecuente desnudez implícita que deriva en la obvia privacidad de dicha reunión, es muy fácil que se desarrollen todo tipo de imaginarios al respecto. No puedo negar o confirmar la posible veracidad de los mismos, ya que no hay una reglamentación o metodología específica para la manera como cada artista establece su relación con sus modelos, o viceversa, y resulta poco mas que evidente que existe una fuerte connotación erótica en este ejercicio:


Desde la vivencia del modelo, el hecho de exponerse ante la mirada del artista para ser admirado y él entregue todo de si en un intento de congelar nuestra imagen en su obra, de que trate de reproducir nuestras características físicas y corporales, y que intente ir mas allá y descubrir los secretos del alma del modelo a través de su piel y de su mirada, el pensar, y saber, que durante el ejercicio artístico el modelo es el centro único de la existencia del artista y que cuenta con su entera devoción, es una experiencia que seduce enormemente, que alimenta nuestra autoestima y nos enfrenta a nuestra condición sexuada y erótica de manera inevitable.


Al mismo tiempo, enfrentar esa mirada del artista, su criterio su juicio estético, y el miedo que probablemente todos tenemos frente a nuestra belleza real y nuestra correspondencia frente a los cánones de la belleza publicitaria y mediática de hoy en día, y a la manera como confrontaremos esas diferencias inevitables que nuestro cuerpo y nuestros rostros presentan frente a los ideales de las actrices y actores de Hollywood y los y las modelos de las revistas internacionales, producen reservas y miedos fuertes que llegan a generar verdadero pánico escénico. Puedo garantizar que esas mismas actrices y modelos (no de Hollywood, pero sí de otros medios), por más hermosas que sean, enfrentan los mismos miedos y recelos antes de exponerse como modelos frente a un artista, y ellas mismas buscan las maneras de explicar de una u otra forma lo que creen que son sus defectos físicos, en relación con sus propios estereotipos. Esto lo puedo asegurar por experiencias vividas con modelos y actrices que, en mi criterio, eran y son más que perfectas físicamente y a quienes he tenido el honor de pintar y dibujar.


En la intimidad, todos nos vemos imperfectos, vulnerables e irremediablemente humanos.

Hay personas que aprovechan este rol de “artista” para seducir modelos y buscar aventuras sexuales disfrazadas de “arte”. Hay modelos que llegan con la firme intención de acostarse con el artista, porque éste representa una “conquista” especial de la cual podrán alardear. Otros ven en el mito del artista la oportunidad de alcanzar las estabilidades que sueñan al lado del artista famoso o famosa y que serán recompensados con viajes en veleros, o cuánta fantasía puedan generar. Algunos sueñan con el romanticismo del artista descrito por Charles Aznavour (cantante francés) en su canción de “La Bohemia” (la Bohème, inspirada a su vez en la ópera con el mismo nombre) en Montmartre, París, donde el artista sin dinero se entrega en alma, y cuerpo a la modelo-amante, para vivir el sueño del artista postimpresionista en el romántico París, y otros, muchos, tienen principios “flexibles” que reacomodan según las conveniencias del momento para acomodarse a la oportunidad, desdela supuesta “libertad del artista”, para aprovechar situaciones y reafirmar que “su” carne es débil, o más bien para mostrar su verdadero rostro y sus verdaderas motivaciones, que en casi todos estos casos, no tienen nada de artístico, a menos que el ejercicio tántrico ahora pueda connotarse como una expresión artística contemporánea.


Ha habido artistas, muy buenos, para quienes su producción artística va íntimamente ligada con su vida sexual, y para quienes sus modelos han sido también siempre sus amantes. Es el caso por ejemplo de Luis Caballero, el dibujante excelso de la violencia erótica del desnudo masculino, de los años 70 a 90 en Colombia. Es sabido gracias a muchos libros que Artistas como Picasso ayudaron a construir el mito de los artistas y modelos amantes, pero creo que es sumamente importante aclarar que las excepciones no constituyen una regla, y que el ejercicio del modelo no es sinónimo de trabajador sexual.


Perdiendo mi virginidad…

Yo crecí en un mundo donde supe desde niño sobre la existencia de los modelos artísticos y del trabajo de la figura al desnudo. Mi madre había estudiado artes en alguna universidad y relataba las sesiones de trabajo con modelos, y hablaba de las obras de artistas famosos y sobre cómo se creaban. Mi padre en algún período de mi niñez decidió ser artista y hacer pinturas y dibujos y tengo el vívido recuerdo de un dibujo hecho por él donde pude reconocer los rasgos de mi madre, sentada en el suelo con falda y botas de cuero detrás de algunas botellas en tonos sepias y carboncillo.


Crecí en talleres de artistas donde conviví con los resultados de las sesiones de trabajo con modelos y ví decenas de representaciones del cuerpo al desnudo, hasta que por fin tuve la oportunidad de vivir esa experiencia en carne propia, por así decirlo, a mis trece o catorce años en la academia de artes de Ixelles, en Bruselas, cuando la profesora me ubicó frente a un banco de trabajo con arcilla y espátulas, junto con varios adultos en las mismas condiciones, y frente a nosotros en una mesa giratoria se acomodó una hermosa mujer desnuda con un cuello especialmente largo y agraciado.


Recuerdo sentir mucho miedo, ansiedad, emoción mezclada con vergüenza y me sentía sumamente intimidado. Tal vez más por las miradas y expectativas de todos los que me rodeaban y miraban atentos a mi rubor o mi actuación.


Sabía lo que se esperaba de mí, sabía que no era malo en el modelado de la figura humana puesto que la había estudiado por años a través de libros y que lo que estaba viviendo era aquello para lo que había sido engendrado, y que era mi destino, así que tomé la arcilla e hice mi mayor esfuerzo por transformar todo lo que sentía en una escultura.


Cuando los demás vieron que no salí corriendo, poco a poco comenzaron a trabajar ellos también, acompañados por la música seleccionada por la Maestra Lucy Sentjens y todo empezó a tener una atmósfera de normalidad creativa, donde el centro de atención era el cuerpo casi inmóvil de la joven de cuello largo frente a mí.


Ese cuerpo con vida y cuya respiración lograba percibir, era muy diferente a lo que yo conocía de los libros de anatomía y a las ilustraciones de superhéroes y tarzanes que fueron mis modelos previos. No sabía como enfrentar esa realidad y convertirla en una escultura, aunque el inicio era fácil: buscar unas formas generales. Así que me centré en los procesos técnicos mas que en la observación del desnudo frente a mí, y recurrí lo más que pude al conocimiento anatómico por el que antes me solían felicitar. De vez en cuando la maestra giraba un poco la mesa de la modelo permitiéndonos a todos verla desde un ángulo diferente, y empecé a entender las discrepancias entre lo que yo creía que era y lo que sucedía frente a mí. Traté de corregir, y de pensar, analizando las razones anatómicas que validaban lo que veía para poder hacer mi escultura, hasta que la maestra se acercó a mi puesto y me dijo: Olvida la anatomía y todo lo que sabes. Solo observa y siente, y haz lo que sientes.


Sentía… un millón y medio de cosas que no entendía y que me abrumaban. Sentía gente extraña alrededor que me intimidaban, sentía el calor del radiador que mantenía una temperatura adecuada para la modelo, y sentía la presión por tratar de entender lo que la maestra me ordenaba y que era nuevo para mí, y no sabía qué hacer.


Ella vio mi desconcierto y se acercó nuevamente para decirme, mira los perfiles del cuerpo, mira la luz como moldea los volúmenes. Busca que tu escultura te brinde las mismas sensaciones. Yo pensaba: Me habla en chino (era francés)


Lo interesante de esta historia en realidad, sucedió durante el descanso de la modelo. Era obvio que tarde o temprano algo le dolería y debía moverse para que no fuera necesario amputar una pierna por falta de circulación sanguínea, o algo, y entonces se puso una bata liviana, se bajó de la mesa, y empezó a moverse lentamente. Yo creía que por fin comenzaba a entender lo que estaba haciendo, y me sumergí en mi escultura, aprovechando que la chica no estaba ahí y que podría aprovechar ese momento para hacer lo que sabía hacer. No sé cuánto tiempo pasó, pero de repente una voz nueva y dulce me dijo al oído “descansa, ven”. Era la modelo que estaba justo detrás de mí viendo mi escultura


Me di la vuelta asustado y la hermosa joven me dijo: está bellísima, ven y tomas algo, y me tomó de la mano para llevarme donde estaban mis demás compañeros.


Creo que debí sonrojarme al punto de iluminar la habitación porque ella sonrió y me miró con ternura, y detrás de ella vi la mirada burlona de Lucy, lo que me hizo sentir aún mas vergüenza, y automáticamente me dejé guiar hacia el grupo, sin atreverme a levantar la mirada.


En ese momento, cuando la modelo habló, se volvió alguien real. Se volvió una mujer, con voz, con piel, con un cuerpo bajo esa tela delgada que la cubría, y me di cuenta de que había una mujer desnuda a centímetros de mí, y que era bella, y me gustaba, y esa sensación era absolutamente nueva para mí. Pero los demás se relacionaban entre ellos y con la modelo con total naturalidad. Parecían amigos; no se veía que hubiera nada especial en el hecho de que una de esas personas estuviera desnuda y las demás con ropas sucias de barro, y me di cuenta de que el trabajo con modelo era una vivencia única, intensa, hermosa, pero normal.


De alguna manera esa noche pasé la prueba, y fui aceptado por la maestra como su estudiante en el taller de Escultura de ahí en adelante.

Mi relación con mis modelos

Probablemente podría compartir muchas anécdotas y experiencias que pude vivir con mis modelos a lo largo de mi carrera. Podría hablar de lo que sentí y viví la primera vez que fui modelo yo mismo, de cómo se siente estar allí, de pié, desnudo frente a decenas de personas que me miraban inquisitivamente, y del miedo que sentía de no saber cómo me relacionaría con ellos después de ese instante, porque todos me habrían visto desnudo y yo a ellos no…


Podría relatar la experiencia de posar en pareja con otra persona desnuda a mi lado y de cómo se plantea el problema de asumir esa vivencia como un trabajo, y hacer caso omiso de la connotación sexual que podría existir en esa situación de excesiva proximidad al desnudo, y de cómo poco a poco ambos pudimos superar el momento incómodo y logramos sentirnos en confianza para funcionar con normalidad. Podría hablar también de la relación especial, íntima y valiosa de amistad que he desarrollado con gran número de quienes han sido mis modelos y de cómo el hecho de compartir su desnudez hace de alguna manera que la relación que se construye con ellos y ellas sea más... honesta, más abierta, más real.

Podría hablar sobre lo mucho que valoro a quienes se prestan a ser modelos, de cuánto respeto su franqueza y su capacidad para mostrarse sin velos ni engaños, del valor que se requiere par a desnudarse frente a un artista y el esfuerzo considerable que representa el posar, de la entrega con la que los modelos se convierten en coautores de las obras resultantes y de lo bellas personas que son, cuando se puede ir mas allá de las mascaras sociales, mas allá de la ropa y las mentiras, y de cuando se trasciende la piel y el erotismo del desnudo para compartirse unos a otros de manera totalmente… total.


Si quieres ser modelo…


A lo largo de los años he trabajado con numerosas personas que han sido mis modelos. Con ellos y ellas he producido muchas obras, dibujos, pinturas, esculturas, he aprendido a conocerlos y a construir valiosas amistades con algunos. Los valoro y los respeto profundamente a todos, cualesquiera que hayan sido sus intenciones o expectativas, o las mías, o si pudimos o no entendernos como personas al final, pero mi relación con mis modelos ha sido siempre inmensamente valiosa y significativa y tengo una profunda gratitud con todos y todas ellas.


Fui entendiendo poco a poco, que la obra de arte no es, como todos lo asumen, una creación que deriva del talento único y exclusivo del artista y que el modelo no es sólo un medio para un fin. Fui descubriendo poco a poco que el aporte de mis modelos es tan valioso como el aporte mío como pintor o como escultor, y que la obra resultante es hija de los dos, o tres, o cuatro.... Es una creación nacida del aporte de dos o más almas y es el espacio donde el modelo o la modelo se convierte en artista a través de su cuerpo y el artista es también el medio a través del cual la modelo se expresa.


Mis modelos me enseñaron que la creación artística es una creación en equipo. Que se requieren dos o más para lograrla; por lo tanto, mis obras ya no llevan solamente mi firma como autor: Llevan también la firma de los modelos que fueron coautores en ella (si ellos quieren y dependiendo de qué tanto se involucren y participen en el proceso), y llevan también la firma de mi esposa y cómplice desde hace mas de una década y que trabaja conmigo en todo lo que hago desde entonces. Para mí es más que cierto que sin ella y sin su indispensable participación y ayuda, nada de lo que hago sería posible, y que todas las ideas y todas las obras son primero pensadas y discutidas con ella antes de convertirse en obras reales.


Si quieres ser modelo para mis obras: primero debo decirte GRACIAS. Para mí es un honor.

No se trata de cuán bella, de cuán atlético, de qué tan delgada o delgado seas o te sientas, no se trata de que te parezcas a los estereotipos hollywoodenses. Ojalá más personas con físicos diferentes se decidieran a ser modelos: personas más gordas, mayores, mas arrugadas, mas reales y más dispuestas. Debo decir que, con frecuencia, las modelos más bonitas son las menos interesantes como personas, porque están demasiado convencidas de que su valor es exclusivamente estético y no comparten de sí mismas nada más que su vanidad. Para mí, como pintor y escultor de la figura humana al desnudo, la belleza física de un cuerpo y lo que puedo hacer como artista surge desde el interior de cada uno, de la persona que habita el cuerpo que pinto o que esculpo y de lo que esa persona está dispuesta a ofrecer.


Se trata de que juntos creemos algo. Se trata de tener la oportunidad de experimentar una vivencia diferente donde las restricciones y los prejuicios sociales no aplican, donde no habrá espacio para tergiversaciones y donde las cosas no terminan en la cama o en actividades sexuales. La energía sexual o erótica que cada uno cargamos y que puede o no estar presente en esta actividad, como puede estarlo también en cualquier otra situación en la vida, aquí será parte de lo que se pone en la mesa para la creación artística: es muy interesante, intima, especial, y siempre habrá espacio para hablarlo y emplearlo como parte de la obra de arte.


En este espacio no hacen falta las máscaras ni las manipulaciones. Donde simplemente buscaremos construir una relación a través de la creación artística, y donde algunos de los resultantes lado podrán ser fotografías, o dibujos, o esculturas, o pinturas, pero donde lo más importante será siempre el aprendizaje y el crecimiento que deriva de esta vivencia.

Hablemos…

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